Cuando se paga religiosamente todo aquello que dicen que es para el bien común, que tengamos un bien estar, atención en hospitales, educación para los críos, y que unos señores nos dirijan y nos digan que tenemos que hacer…..vamos, que nos dejan limpios como una patena para llenar la caja común. Uno se ajusta su cinturón hasta el extremo de que no quedan más agujeros….casi convirtiéndose en un monje sin hábito metido en un convento de clausura.
Te asomas por la ventana y ves que el vecino va tirando trampeando y sin pagar lo mismo. Te paras a pensar en quien es el primo del cuento, algo humano. Llega el hartazgo y el rebote.
Siempre hemos escuchado disculpas para los “abusadores” del propio sistema. Unos serán por pura necesidad, y otros por no pagar a la caja común. Mientras, son los de siempre, los cumplidores, que se quedan sin vacaciones, sin cañitas, sin ir al cine…..por llenar la caja común. Luego los mandamases exprimen, cual limones, a los que si cumplen.
En esos temas de mezclar salen comentarios como que…..la pensión del abuelo es una nimiedad, escueta y no alcanza para nada…..y será verdad. Si preguntas cuanto cotizaba el abuelo para la pensión…..esquivan la respuesta o todo lo más te dice, el mínimo obligatorio, claro.
No se pueden defender las pensiones tan bajas que tenemos. Pero si sabemos que pagando muy poco no se puede esperar que sean como el que cotiza cuatro o cinco veces más.
Y es que a la hora de pagar somos rácanos……pero a la hora de cobrar, queremos mucho más.
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