Es la estrategia que ahora sigue la izquierda en general ( la radical y la “menos radical”) Convocan una manifestación adornada con las típicas denominaciones a las que nos tienen acostumbrados ( por la libertad, por los derechos, en contra de fascismo, de los oprimidos, de los indignados, por la dignidad, etc,) en las que todo es correcto y amoldado a la legalidad vigente…en principio; pero ya saben y conocen ( solo queda demostrar que está programado y pactado) que en un momento determinado entrarán en juego y amparados por la “legalidad” de la manifestación los grupos “de asalto” ( los que ellos llaman violentos y en realidad son TERRORISTAS). Esto es lo habitual y está más que demostrado en las últimas concentraciones de cierta importancia. Ya solo queda esperar la reacción del gobierno actual ( deplorable) y de las marionetas ocasionales ( la policía). También cuentan con un servicio de filmación encargado de captar y posteriormente distribuir las imágenes que sirvan para sus propósitos; además de poder contar con las de los medios profesionales que sirven a la causa y comen en el pesebre correspondiente. Todo perfecto. Ya solo queda esperar el desarrollo y de paso tienen la coartada perfecta para librarse de posibles críticas y acciones: “Nosotros, los demócratas no tenemos nada que ver con los violentos. Nosotros nos ceñimos a lo legal y hacemos uso del legitimo derecho de manifestación. Son los medios represores del Estado ( la derecha gobernante en la actualidad) los que con sus acciones han provocado los incidentes; así que exigimos la depuración…..bla, bla, bla, ….etc”
Es sencillo y de manual. No hay que ser un lince para montar estas cosas.
Acordaros del famoso “La calle es nuestra”
Particularmente entiendo que en una sociedad articulada como la nuestra, el respeto y vigencia de la voluntad mayoritaria expresada en las urnas, debe prevalecer por encima de apreciaciones particulares de cualquier índole; nos guste o nos disguste; y que la oposición a la mayoría por medios violentos debe ser denunciada, reprimida, y eliminada de raíz; aplicando las leyes y el código de justicia con severidad y contundencia.
No podemos permitirnos que la voluntad mayoritaria ( resultado de las elecciones generales) sea combatida y acosada por la presión mediatizada y coordinada de grupos políticos opositores utilizando la calle y aprovechándose del derecho a manifestarse que nos ampara.
Si queremos cambiar las cosas ya sabemos cómo actuar cívica y democráticamente. Todo lo demás es crear gastos, dividir a la sociedad, crear problemas para solucionar los problemas principales, dar pie a desgracias irreparables, atentar contra los derechos de otros ciudadanos, y sobre todo, provocar la caída de aquellos que en esos momentos nos gobiernan amparados en la legalidad constitucional.
Otro asunto distinto es analizar si quienes nos gobiernan lo hacen bien, mal, o regular. Si cumplen sus programas y promesas. Si se merecen la confianza de esa mayoría que cívicamente y democráticamente les llevó al poder; y de no estar de acuerdo, ya sabemos de sobra cuales son las armas en la democracia para cambiar de gobernantes, o si fuera o fuese necesario, cambiar la Constitución para adecuarla a las particularidades actuales.
Manipulaciones, hipocresías, demagogias y violencia… NO
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