Nadie con dos dedos de frente podría discutir la enorme riqueza cultural que se adquiere viajando por ese mundo de Dios; salvo que esa inquietud por viajar esté basada en el típico desmadre juvenil o en tratar de “descansar” flotando en medio de los vapores etílicos de cualquier mejunje alcohólico. Hay otra variedad, que es ir a un determinado sitio con la intención de tumbarse a la Bartola, que no tiene nada que ver con la hamaca y la siestorra. Esta bartola se convierte en Bartola, y lo que se pretende ya lo conocemos de sobra.

Hablan nuestros colegas de foro de su viaje y conocimientos de Sicilia, y se les ensancha el alma y se les dibuja una sonrisa de felicidad en el rostro recordado lugares que ya han quedado grabados en su “disco duro” para toda la vida, … y está muy bien, me alegro mucho por ellos, y también los envidio, y mucho, por hablar de cosas que desconozco. Cuando me toque la primitiva o el cupón de la ONCE prometo visitar Sicilia y sus alrededores. Pero es curioso como los españoles somos capaces de viajar al último rincón del mundo porque nos han dicho qué otro le contó, qué unos conocidos le contaron, que aquí o allá había tal o cual cosa que merecía la pena visitar, y sin embargo desconocemos algunas maravillas que tenemos a la vuelta de la esquina y que por verlas, hasta vienen los extranjeros a nuestra tierra.

Un servidor, que no es distinto al resto de sus paisanos, llegó un día al punto en que se “convirtió” como le ocurrió a San Pablo, y dejó a un lado el turismo de discoteca y de“caza y captura”, por ese mucho más enriquecedor como es el del arte y sobre todo el de “las piedras”.


  • “Amol”. Vamos a salir de excursión y vamos a ver tal cosa.
  • ¿Otra vez a ver “piedras”?
  • No te preocupes “amol”. Yo te dejo en el Corte Inglés más cercano y así, de paso, me dejas en paz.

Poco más o menos las cosas suelen pasar así; aunque fue una vez en que la urgencia por visitar algún servicio y un enorme cartelón en medio de la autovía cambiaron las cosas.

Circulaba por la populosa N-III ( ahora pomposamente A-3) y apenas habíamos abandonado la Comunidad de Madrid camino de” la playa de los madrileños”, cuando leí: “Segóbriga. Ciudad Romana”…..mirada al retrovisor, intermitente, y a mear a Segóbriga.

Así, y casi sin darme cuenta apareció en medio de la llanura, como si de una aparición se tratase, un anfiteatro y un circo romano casi intactos.; y todo cuando apenas había abandonado la autovía.

La impresión fue brutal. Nunca esperaba encontrarme aquello en medio de la nada. Era como viajar en el tiempo. Luego, una vez recuperado de la primera impresión, pude comprobar perfectamente lo que fue una primitiva ciudad carpetana y su posterior romanización. Para saber y comprender los límites basta seguir el talud que parte de un lienzo de muralla y rodea el cerro. Llegas al otro extremo y a tus pies puedes ver el río Cigüela al tiempo que eres capaz de escuchar los sonidos del silencio y te dices a ti mismo: “cagoenlaleche. ¡Con las veces que ha pasado yo por aquí y me había perdido esto!

Así que la próxima vez que tengáis que circular por esta carretera, dejaros llevar por la curiosidad y perded un poco de vuestro tiempo para sentirse sumergido en las profundidades del tiempo y de la historia; así, quizás, de esta manera seamos capaces de comprender la inmensa grandeza de ese trozo de tierra al que conocemos como España y lo que significa el término patria.

PD 1. Si acompañáis la visita con un bocata de chorizo de Pamplona sube muchos enteros la experiencia.

PD2. Si alguno quiere vivir la experiencia de convertirse en “gladiator”, que se lleve algún achiperre, una cacerola a modo de casco, y que se ponga en medio del circo. Si hay gente viéndole no me hago responsable de lo que pueda ocurrir.

PD3. No doy más información para que lo trabajéis un poco en internet.
Un saludo.