Creo que esto tiene cabida en este rincón del foro. En realidad es una curiosidad poco o nada conocida sobre un hecho histórico conocido por todos; o por lo menos …medio conocido.
Mañana es 1 de Mayo del 2015. Hace 207 años ( hace tan poco tiempo ) el mismo día pero del año 1808 comenzó una serie de hechos que cambiaron el rumbo de nuestra historia. Aunque la historia, como reconocimiento de lo que ocurrió pudo empezar en otra fecha. Quizás históricamente y para la memoria de los españoles comenzó el día que sacaron a la luz los restos de dos de sus principales protagonistas.
Podría empezar así:

El sábado 23 de Abril de 1814 un gran número de madrileños se acercaban curiosos al observar como un grupo de obreros y personajes importantes de la Villa se concentraban en un punto determinado de la Plaza de las Descalzas. Se preguntaban unos a otros que significaba todo aquello, por qué aquella movilización. Todo se debía al comienzo de las excavaciones en donde años antes se ubicaba la iglesia de San Martín. El objetivo era encontrar la cripta de la derruida iglesia para rescatar del olvido los restos de D. Pedro Velarde y D. Luís Daoiz. A las cuatro de la tarde comenzaron los obreros su trabajo.

Durante varios días, y siempre bajo la curiosa mirada de los madrileños, se estuvo trabajando en el subsuelo de la plaza sin resultado. Por fin el día 29 el capataz de la obra anunció a D. Manuel Guinea, Tte Col de artillería, que se había descubierto la entrada a la cripta.

El citado Tte. Col. D. Manuel Guinea, acompañado del abad Domingo Älvarez, del doctor forense D. Francisco Ramiro Racayos y por los sepultureros D. Pablo Nieto y D. José Gutierrez, entraron entre la escombrera alumbrándose con grandes hachones.


“Un esqueleto permanecía en pie apoyado en su ataúd abierto. Según los sepultureros eran los restos de D. José Godoy, el padre del antiguo Valido. A sus pies, asomando entre la tierra, se veían los restos de un oficial de artillería. En la destrozada casaca que portaba aún, se distinguían los pequeños botones redondos y las granadas bordadas en sus faldones. Al despejar los restos de la tierra, aún eran visibles negros manchones de sangre, seca hacía muchos años, sobre la raída tela azul turquí.
Unos pasos hacia el interior, enseguida hallaron otro esqueleto completo. Se hallaba envuelto en el sencillo y áspero hábito de los Franciscanos. A su lado estaba la calavera y otros huesos más. Todo el lateral izquierdo de la tela se hallaba ennegrecido por sangre derramada seis años antes”

El Teniente Coronel D. Manuel Guinea quedó en silencio contemplando los restos de los heroicos compañeros, al tiempo que unas lágrimas resbalan por sus mejillas. El primer homenaje de un soldado a sus compañeros no fue visto por nadie.

De esta manera tan sencilla se cerraba una página heroica de nuestra historia, cuyo punto de inicio se dio en Madrid, el día 2 de Mayo del año 1808.

Si alguno ha tenido acceso a libros que reflejen algunos datos de aquellas fechas, o incluso a documentos guardados de gacetillas publicadas por entonces, podríais leer cosas como estas:
El 2 de Mayo de 1808, fue el primer lunes del citado mes. 1808 fue un año bisiesto. Según el “Calendario Manual y Guía de Forasteros”, también fue el año 7007 de la creación del mundo. El 4765 del Diluvio Universal. El 2561 de la fundación de Roma. El 226 de la Corrección Gregoriana. El noveno del pontificado de “nuestro Santísimo Padre Pío VII”; y número 21 del reinado de “nuestro Católico Monarca D. Carlos IV”.

En el Diario de Madrid aparecen datos de la meteorología.
A las 12h la temperatura alcanzó 14 grados Reamur (17´5º C)
El día 1 de Mayo, llovió a partir de las 10 de la noche
El día 2 hizo sol. Por la noche se cubrió el cielo y volvió a llover.
De lo que no hay duda, es que la tarde-noche tuvo que ser fresquita; de otra manera no se podría explicar que los pelotones de fusilamientos aparezcan con largos capotes en el famoso cuadro de Goya.

Otro dato no conocido popularmente y que puede ayudar a entender las circunstancias de nuestros paisanos, son los límites de aquella ciudad y su población.

El perímetro estaba marcado por el Palacio de Oriente, la Puerta de Toledo, la Puerta de Embajadores, la Puerta de Atocha, la Puerta del Conde Duque y la de San Bernardino.
La población según el último censo de 1804 era de 176.374 habitantes.

También considero interesante el parte de fuerzas militares oponentes.
Por parte española, en aquellas fechas estaban acantonadas y disponibles en la capital los siguientes contingentes:
2ª Compañía de las Reales Guardias de Corps, con 200 hombres.
Reales Guardias Alabarderos, con 100.
1er Batallón de las Reales Guardias de Infantería Española, con 400.
1er Batallón de las Reales Guardias de Infantería Walona, con 400
Regimiento de Infantería de Línea Voluntarios del Estado, con 1800.
1er Regimiento de Infantería Ligera de Aragón, con 780
Regimiento de Dragones del Rey, con 670.
Regimiento de Dragones de Lusitania, con 670
Compañía de Granaderos de Marina, con 174
2ª Compañía de la 3ª Brigada del Parque de Artillería, con 16
4 Compañías de Inválidos (¿), con 400.
Así que sumaban un total de 4.818 militares contra:

3 Divisiones de Infantería, con 25.241 hombres.
1 División de Caballería, con 3.329.
Artillería, 976
Guardia Imperial, 6.886.

Está claro que los milicos lo tenían crudo si se querían enfrentar a semejante contingente. Pero lo que era imposible para quienes tenían las armas y el poder, fue posible para el madrileñito de infantería (¡como ha degenerado la raza!).

Como fácilmente hemos podido comprobar, por aquél entonces Madrid distaba mucho de ser la metrópoli apabullante de nuestros días. Era más bien un pueblo grandote encorsetado por un cinturón de cercas y que se abría al exterior por puertas y portillos.
Tampoco era una ciudad fortificada. Madrid nunca había sido considerada por los reyes de España como un baluarte. Su emplazamiento y crecimiento urbano lo hacían imposible. Solo tras el motín de Esquilache, Carlos III había reforzado la guarnición urbana.

Los principales cuarteles estaban situados en el casco urbano, con facilidad de acceso y socorro del Palacio Real y al mismo tiempo cercanos a las principales puertas de acceso a la ciudad. Sin embargo esto no iba a suponer ningún problema para los franceses. Una serie de hábiles disposiciones habían eliminado este posible obstáculo. Un gran número de los componentes de las tropas españolas había sido reducido para reforzar a las existentes en otros puntos de la península que demandaban mayor atención. Como hemos podido ver anteriormente, su número oscilaba alrededor de 4.000 hombres efectivos. Sus comandantes habían retirado el armamento y la munición con el pretexto de que no se unieran a una posible revuelta popular o conspiración fernandina.

El plan francés para reprimir cualquier revuelta estaba bien preparado. Casi 10.000 franceses estaban acuartelados dentro de la ciudad. Otros 26.000 podrían llegar en un par de horas. Desde el norte, la brigada Lefranc y la brigada Friéderchs de la Guardia Imperial lo podían hacer desde el cercano convento de san Bernardino, entrando por las importantes calles de san Bernardo, Hortaleza y Fuencarral. En la Casa de Campo y el Pardo estaba toda la división Musnier.
Por el sur llegaría la caballería pesada; los coraceros de Caulaincourt entrarían por la Puerta de Toledo desde sus acuartelamientos de Carabanchel. Desde el este, subiendo por la Calle de Alcalá, Atocha y la Carrera de San Jerónimo entrarían la caballería de la Guardia, la artillería, y la Brigada de Dragones de Privé avanzarían desde los cuarteles del Buen Retiro y del Posito de Recoletos.

Bastaba el avance por estas líneas principales para aislar cada uno de los grandes distritos de Madrid, impidiendo la comunicación y los auxilios mutuos que podían intentar los sublevados. Una vez ocupados militarmente las puertas y portillos de la cerca de Madrid, ya no habría posibilidad de auxilio desde las poblaciones vecinas.

Por su esto fuera poco, otros 25.000 hombres del cuerpo de ejército de Dupont, que rodeaban Madrid por El Escorial, Aranjuez y Toledo, podían caer sobre la capital en menos de dos días.

Mal se lo pintaban a los madrileños.

Ya conocemos algunos datos de los que iban a entrar en el juego el fatídico 2 de Mayo. ¿Pero conocemos lo que ocurrió el día anterior?.....Veamos.

El día 1º de Mayo de 1808 las cosas ya estaban muy caldeadas en las calles y barrios madrileños. La soldadesca napoleónica deambulaba por las tabernas y garitos avasallando a los paisanos y comportándose como tropas de ocupación, y no como fieles aliados, que es lo que se suponía que eran.

Al amanecer del día 1, los franceses repartieron un folleto impreso con el título de “Carta a un Oficial retirado en Toledo”, en el que se trataba de persuadir a los españoles de la “conveniencia nacional de cambiar la rancia dinastía de los ya gastados Borbones, por la nueva de los Napoleones, muy enérgicos”. Algo así como lo que se estila en las actuales campañas electorales, pero por narices y a punta de bayoneta. Por otra parte, quien sabe que habría sido de España si hubiéramos aceptado a esta tropa.
El panfleto corrió de mano en mano como un reguero de pólvora, pero con el efecto contrario al deseado.

Poco antes de las 12 de la mañana, como todos los domingos, monsieur Murat acudió a oír misa a la Iglesia de San José del Carmen Descalzo de la calle Alcalá. Después, para exhibirse delante del paisanaje, pasó revista a las tropas que le rindieron honores en el Paseo del Prado. Como vivía en el Palacio Grimaldi (actual calle de Bailen, junto a la Plaza de la Marina Española) tuvo que atravesar la Puerta del Sol. Aquella mañana de domingo, había feria en Madrid y la plaza se encontraba llena de curiosos, aldeanos de los pueblos limítrofes y gente que esperaba al correo de Bayona, en el que se esperaban noticias sobre la familia real.
Los batidores que trataban de abrir el paso a tan emperifollado personaje, incomodaron a los paisanos, y estos empezaron a silbar y a abuchear al que llamaban “gran troncho de berzas”.

Parece que no pasaron de aquí las cosas; pero el ambiente se enrarecía por momentos; y mucha gente, tras comer en las tabernas y fondas próximas, alargaron la estancia a la espera del ansiado correo. Este no llegó hasta las 10 de la noche, cuando comenzó a llover con cierta fuerza. A esa hora, muchos de los que habían venido a la feria, y eran de pueblos cercanos, optaron por pasar la noche en Madrid (las distancias a borrico o en carro eran considerables), y el resto poco a poco fueron retirándose a sus casas.

Murat, aquel mismo día, reiteró sus amenazas de disolver a la Junta (un grupito de soplagaitas encargados de no tocar mucho las narices a los franceses) y tomar el poder en representación del emperador corso, si no se accedía a dejar marchar al Infante D. Francisco de Paula, dando un ultimátum para el día siguiente.
El temor de que Murat cumpliera su palabra, unido a que el Ministro de la Guerra, O´Farril, advirtió a la Junta de la desproporción tan enorme de tropas, hizo que se acordara la salida del Infante para la mañana del día 2.

Ante el cariz que poco a poco iba tomando la situación, la Junta, entre otras cosas, nombró otra Junta para el caso en que esta quedase inhabilitada por falta de libertad. Ya se olían la que se podía armar, y según parece no se fiaban mucho de nuestros huéspedes. Por último, y quizás la metedura de pata más grande, se ordenó a las tropas españolas que se acuartelasen y no se les permitió juntarse con el paisanaje, además de retirar la munición a las fuerzas que estaban en servicio.

A lo largo de aquella noche se advirtieron distintos movimientos de las tropas francesas que estaban acantonadas en las proximidades de la capital; al mismo tiempo que en la fonda de Genieys, tres oficiales españoles; uno de ellos Capitán de artillería y llamado D. Luis Daoiz Torres, retaron a duelo a igual número de oficiales franceses. El desafío no se llegó a efectuar porque los padrinos lo aplazaron, persuadiendo a unos y a otros de que no debían echar más leña al fuego con una riña particular.

En estas estábamos, cuando poco a poco fue saliendo el sol alumbrando la mañana del día 2 de Mayo.


No voy a contar aquí lo que ocurrió el día 2, pero si quiero incluir una lista desconocida. La lista oficial de quienes fueron enterrados en fechas posteriores y de los que se conserva documentación. No están todos. Hubo mucha gente que fue enterrada de incognito para evitar represalias de los franceses; y otros muchos guardaron para el resto de sus vidas las secuelas físicas y síquicas de aquella jornada.

Alises, Juan Antonio (Palafrenero)
Almagro, Manuel
Alonso, Eusebio (Cabo de artillería)
Álvarez Castrillón, Tomás
Álvarez, Francisco Antonio (Jardinero)
Álvarez, Fulgencio
Álvarez, Manuel (Carretero)
Álvarez, Pedro
Amador, José Mamerto
Ambas, Manuel
Amigide y Méndez, Benito (Tendero)
Antolín, Manuel (Jardinero)
Aparicio, Eugenio
Archilla, Donato 18 años (fusilado)
Arias, Gregorio
Arroyo, Teodoro (Zapatero)
Batres, José
Bermúdez, Francisco (Ayudante de Cámara)
Calderón Francisco (Pordiosero)
Calvillo, Gaudioso
Castañeda, Miguel
Cerro, José del (Aprendiz de empedrador. 14 años)
Chaponier, Gabriel (Grabador)
Colomo, Antonio
Coste, María Felipa
Cubas, Miguel (Carpintero)
Daniel, Lorenzo (Compositor)
Daoiz y Torres, Luis (Capitán)
Díaz, Manuel
Domínguez, Julián
Escobar y Molina, Francisco
Esperanza, Alfonso
Fernández Álvarez, Pedro (Agente de negocios)
Fernández de Chao, Juan
Fernández, Andrés
Fernández, Gabino (Oficial de contaduría)
Fernández, José
Fernández, Juan (Hortelano)
Fumagal, José (Oficial de loterías)
Gacio, José (Peinero)
Gallego Dávila, Francisco (capellán) Posiblemente es el representado en el cuadro de los fusilamientos
García Valdés, Manuel (lavandero)
García, Alonso
García, Juan José (Cartero)
García, Manuel (Soldado)
García Vélez, Pablo Policarpo (Zapatero)
García, Santos
Gómez de Morales, Miguel
Gómez, Antonio
Gómez Bernardino (Cerrajero)
Gómez, Vicente (Cajero)
González Recas, Manuel
González, Manuel
González, Mateo
González , Ramón
González, Ramón (Debe ser el padre)
Iglesias, Francisco
Iglesias López, Pedro (Zapatero)
Iglesias, Ramón
Iñigo y Vallejo, Miguel
Llorente, Felipe
Lone, José de (Tendero)
López Silva, José
López, Francisco (Dependiente de comercio)
López, Matías
López, Pascual (Oficial de bibliotecas)
Madrid, Fernando (Oficial de carpintería)
Maenso, Pantaleón
Malasaña Oñoro, Manuela (15 años)
Mantel, Félix (Guarda coches)
Manso, Diego (Albañil)
Martínez del Álamo, Juan (Dependiente de rentas)
Martínez Valenti, Francisco (Abogado)
Martínez, Antonio
Martínez, Gregorio (Esquilador)
Martínez, José Eusebio (Arriero)
Matarraz, Antonio (Aserrador)
Meléndez, Antonio
Méndez Villamil, José (Criado)
Méndez, Domingo
Molina, Francisco (Maestro de coches)
Montenegro, Juan José (Hortelano)
Morales, Bernardo
Morales, Víctor (Sargento)
Morena, Carlos de la
Moreno, Gregorio
Noqués, Carlos
Núñez, Manuel
Oliva, Manuel de la (Lavandero)
Olmo, Nicolás del (Jornalero)
Oltra, Manuel (Albañil)
Oltra, Pedro (Albañil) Hermano del anterior
Oñate y Aparicio, Valentín
Pecherili, Bartolomé (Ayuda de Cámara)
Pedrosa, José (Sirviente)
Peláez, Manuel
Peligro , José (Cerrajero)
Peligro Hugar, José (Hijo del anterior)
Peña, José
Perea Hernán, José
Pérez Villamil, Ramón (Portero)
Pérez, Juan Antonio (Mozo de caballos)
Pérez, Vicente
Pico Fernández, Francisco (Uno de los 94 presos de la Cárcel de la Villa)
Postigo, Juan José (Hortelano)
Ramírez de Arellano, (Ministro del Resguardo)
Requena, Francisco (Empleado del Resguardo)
Revuelta, Miguel Facundo
Rey, Clara del
Rey, Nicolás
Rivacoba, Ángel (Profesor de cirugía)
Rivas, Tomás
Rodríguez, Esteban
Rodríguez, Eugenio
Rodríguez, Facundo (Guarnicionero)
Rodríguez, Joaquín (Jornalero)
Rodríguez, José (Botillero)
Rojo Martínez, Domingo (Escribiente)
Romero, Antonio (Esquilador de mulas)
Ruesga, Joaquín (Tasador de lienzos)
Ruiz, Baltasar (Arriero)
Ruiz Mendoza, Jacinto (Teniente)
Salinas y González, Félix
Sánchez Celemín, Pedro
Sánchez Navarro, Francisco
Sánchez, Félix
Sánchez, Francisco
Santiago Jiménez, Dionisio
Santirso, Esteban
Siara, Antonio (Mozo de pala en una tahona)
Tejedor, Julián (Artífice platero)
Teresa, Francisco de
Toribio Arjona, Juan (Hortelano)
Vázquez y Afán de Ribera, Juan Manuel (Cadete) 12 años
Velarde Santillán, Pedro (Capitán)
Villadomar, Antonio
Villalpando, Ángela
Zambrano, Antonio
PD. Entre todos hay un nombre que mueve a reflexión cuando se lee su profesión: “pordiosero”. ¡Qué ruines somos!

Muchos pueblos y naciones tienen el nombre de sus héroes en centros oficiales o monumentos con letras de oro para honrar su memoria. Nosotros no. Simplemente quedan en el olvido.
Madrid tiene a gala el poner nombres de calles a personajes históricos, pero últimamente ponen nombres a las calles de instrumentos de música o de la más vil de las herramientas : las monedas. Me gustaría decirles a mis administradores públicos, que aquí hay nombres suficientes para llenar varios barrios, y cualquiera de ellos más dignos que muchos de los que toman la decisión de que nombre poner a esta o aquella calle.
Saludos.