Doña Angelita, la inventora gallega del libro electrónico

Ángela Ruiz Robles (Villamanín, 28 de marzo de 1895-Ferrol, 27 de octubre de 1975) fue una maestra, escritora e inventora española, precursora del libro electrónico.

“En la historia del e-book hay un eslabón perdido: el libro mecánico patentado en 1949 por una maestra española”, afirma a SINC Daniel González de la Rivera. Es el nieto de doña Angelita, una gallega que ha merecido su propio espacio en la entrada de Wikipedia sobre la historia del libro electrónico. La Enciclopedia Mecánica ideada por Ángela Ruiz Robles en 1949, con la patente número 190.698, podría considerarse un precursor del actual e-reader.

Doña Angelita, como era conocida en su tierra, fue una maestra e inventora nacida en 1895 en Villamanín, en la provincia de León, aunque pasó la mayor parte de su vida en la localidad gallega de Ferrol. Durante los 80 años que vivió, Ángela inventó, escribió libros, fundó su propia academia, ayudó a los que pasaban por dificultades y cuidó de sus hijas.

Su idea más brillante se materializó en 1949, cuando patentó un libro de texto para los estudiantes que funcionaba con un sistema mecánico de aire a presión, al que se podían añadir diferentes carretes correspondientes a las distintas materias, y al que dio el nombre de Enciclopedia Mecánica.

La Enciclopedia Mecánica

Tal y como se puede leer en la descripción de la patente, el aparato “lleva unas bobinas donde se colocan los libros que se desee leer en cualquier idioma. Por un movimiento de las mismas van pasando todos los temas, haciendo las paradas que se quiera”. El despliegue de las bobinas se hacía de forma mecánica, con un sistema que desplegaba los carretes.

Además, según cuenta a SINC María José Rodríguez Fortiz, profesora de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad de Granada, el prototipo que se construyó “no incluyó toda la funcionalidad para la que había sido diseñado. La adición de sonido y luz, por ejemplo, no pudo hacerse porque tecnológicamente no había nada inventado de pequeño tamaño para incorporar al dispositivo”, aclara Rodríguez.

La Enciclopedia Mecánica tenía también un hueco en el que iría una calculadora, que no se incluía en el prototipo por la misma razón que la luz y el sonido: todavía no existían máquinas de cálculo tan pequeñas.

Al igual que los lectores electrónicos actuales, el invento de Ángela permitía ‘hacer zum’ mediante una lámina transparente e irrompible que se colocaba sobre las asignaturas, y que podía “llevar la propiedad de aumentos”, según la patente.

El texto explica que todas las piezas eran “intercambiables” y que podía colocarse “en perpendicular, facilitando la comodidad del lector, y evitando […] esfuerzos intelectuales y físicos”.

Ángela tuvo en cuenta además el aspecto económico, y en su patente asegura que “para autores y editores, el coste de sus obras se aminora considerablemente, por no necesitar ni pasta ni encuadernado”.

Reducir el peso de las carteras

El objetivo de doña Angelita era “reducir el peso de los libros” que los niños debían llevar en sus carteras y “hacer la enseñanza más atractiva para los alumnos”, explica su nieto, que añade que otra de sus preocupaciones eran “los niños con alguna dificultad, por ejemplo en la vista, para los que ideó la posibilidad de graduar la lámina transparente bajo la cual se deslizaban los carretes”.

“En sus últimos años, Ángela intentó volverlo a construir, cuando ya era todo tecnológicamente viable, pero no consiguió apoyo público ni financiación privada.