Me gustan las noches como contrapunto de la claridad y sobre todo y que todos me perdonen, las de mi tierra, esas que dejan atrapar en tus ojos las miríadas de estrellas para regocijo del alma mientras me pregunto a mi mismo quién fue el creador de esa maravilla, en esa frías noches manchegas miras al cielo y ves como brilla el hielo que esa gran helada deja caer lentamente sobre el verde brotes de las siembras a las que como queriendo no las deja crecer en demasía, y es que el invierno tiene ese poder de recoger hasta nuestras almas en la mesa redonda donde las clásicas, antiguas y estupendas faldillas concentra en calor en ese círculo casi mágico que forma la mesa camilla., que inventos hace el ser humano pero ese fue uno de los mejores sobreviviendo a los tiempos pasados.
No hacemos nada más que encender el sirdee y el primer cometido se pone en marcha y yo, cafetero como el que más, miro al compañero y le digo que joder, otra noche que no tomamos tan querido estimulante porque en los inviernos del pueblo, las gentes cierran sus comercios bien temprano porque de los animales se aprende sobre todo de las gallinas que como todos ustedes saben suelen irse a dormir bien temprano.
No vamos solo al aviso que nos hace el COS, también se acuerda de la patrulla del puesto cercano que ya estaba en servicio una hora antes que nosotros y se dirige al carreterin del rey –aunque ese nos su verdadero nombre aunque po allí hace unos siglos un gran Rey español iba desde Madrid de caza existiendo un torreón de noble piedra todavía en el lugar donde se alojaba el gran hombre-, los compañeros nos hacen una llamada interna para saber por donde llegar, les indicamos que no es un carreterin sino una carretera que discurre entre los picos y montañas de los montes de Toledo, pasando por varias fincas de caza mayor y menor aunque yo no sea aficionado a dar muerte a unos animales que solo quieren vivir en paz.
Los compañeros del COS nos dicen que ha llamado un usuario que pasaba por el carreterin y ha observado luces de dos vehículos sospechosos en la vereda y allí, como los galgos corren a las liebres nos vamos las dos patrullas quedando entre nosotros que ellos por un lado de la N-401 y nosotros por otro para ir cerrando las salidas de ese estrecho carreterin o carretera que muere en esta última y suerte, a tres kilómetros antes de salir a la nacional los compañeros detienen dos vehículos que circulan, una Citroen C-15 y un todo terreno que marcha detrás vehículos que retienen hasta que llegamos nosotros.
El compañero y yo nos bajamos y miramos el interior de la C-15 con nuestras linternas y los componentes de la otra patrulla nos comentan que el fulanillo de la Citroen dice que los lechones que lleva subidos dándoles un paseo en esa negra noche de invierno fría como si estuviésemos en la estepa rusa los ha comprado en un pueblo cercano a Toledo, y aquí de nuevo obvio el nombre del mismo.
Le pregunto al fulanillo sin que ello le sirva de molestia por los años que han transcurrido desde su nacimiento hasta las 23:45 horas de esa noche contestando que tiene 52, y entonces yo le digo que le gano por dos y que a mi no me la da por ser más viejo que él. No porta facturas de compra como es natural ni tampoco el veterinario le ha expedido las guías sanitarias y para más cochineo, tampoco se acuerda del nombre del vendedor y todo ello lo dice el fulanillo riéndose de forma peculiar, eso es, con sorna y hasta diría yo con cierto desprecio que incluso podría pesarse en una balanza romana.
La cosa es que los cochineros de corta edad portaban cada uno su dni pinchado en una de sus orejas y se lo hago saber al sabiondo añadiendo que a más tardar al día siguiente por la mañana tendríamos el nombre y el lugar donde está la explotación de donde sin duda alguna los ha sustraído y no para fines benéficos, pero me acuerdo que en la finca de La Cabe . . . ela hay personal de guardería que seguro que alguno habrá levantado y que nos podrá informar si por esas sierras hay alguna granja de porcino y allí nos dirigimos mientras la otra patrulla se queda con el señor de lo gorrinos y su yerno que es el que circulaba con el todo terreno y que en todo ese tiempo solo ha dicho que él se encontraba cenando y que sus suegro, el de la C-15 le ha llamado que se ha quedado atascado en la vereda y claro siendo el suegro que iba hacer y que no tiene ni idea de los cerdos, vamos ni que los llevaba cargados.
Son esos servicios de suerte a pesar del frío y de no haberse tomado el café y encima a la vista el torreón del que saco fotografías casa vez que el servicio por avisos me lo permite. Por allí cercanos también están los pocos arcos en pie del antiguo acueducto romano que llevaba agua a mi localidad, nada más ni nada menos que a una distancia de más de 25 kilómetros desaguando en esa impresionante presa distante unos cinco kilómetros del pueblo, pero de la historia de mi pueblo podría hablar otro día y siguiendo la historia fue que los guardas nos dijeron que en esa misma finca tenían una granja y solo nos bastó preguntarles por el número del crotal y confirmarlo con los compañeros, total tres detenidos porque otra patrulla en la provincia de Ciudad Real en un punto de verificación pararon al hijo del fulanillo con otro todo terreno y un remolque en el que paseaba otros tantos lechones . . . pasaron más historias en esta que les cuento, pero sería meterme donde por estar donde estoy escribiendo no debo hacerlo y así lo hago.
Eso si, cuando llegamos el compañero y yo de nuevo al lugar donde estaban el fulanillo se estaba comiendo bien tranquilo un bocadillo de cuarenta centímetros y a mi pregunta si con la que estaba cayendo y le iba a caer tenía hambre, el tío me dijo que si . . . bien le vino para descargar los lechones en su sitio de origen que las mamás cochineras estaban preocupadas.
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