El asunto este de los radares es como mínimo curioso.
Si nos paramos a pensar y hacemos funcionar las neuronas llegaremos a la conclusión siguiente: El objetivo es que la tropa circule a una velocidad que minimice al máximo las posibilidades de un accidente y las consecuencias de los mismos. Para ello un señor analiza determinados tramos o circunstancias y decreta la velocidad máxima a la que se puede circular; todo ello dentro de unos patrones de velocidad predeterminados y generalizados, es decir, máxima 120 km/h, no 130, que técnicamente podrían ser perfectamente viables en función de la densidad del tráfico y las condiciones meteorológicas existentes. Esto en las vías interurbanas, porque el desaguisado en las ciudades es de traca. En las ciudades se pueden ver infinidad de tramos en que la velocidad máxima es de 30 Km/h y en los que si se respeta escrupulosamente llegarás a tu destino cargado de “apellidos vascos” del diccionario del exabrupto nacional, e incluso amonestado por la policía local por montar atascos circulatorios. ¿Lo dudáis?... ¿es exagerado?....probad a hacerlo y os asombraréis de los resultados.
Pues bien, partiendo de la premisa esa de que los límites hay que respetarlos para salvaguardar la seguridad de los usuarios, y como la estupidez humana no tiene límites y se suele acentuar cuando nos vemos amparados y protegidos en nuestro maravilloso y todopoderoso caballo de metal, los señores que velan por nosotros ( siempre que no se trate de nuestro bolsillo) se estrujan la mente y dan con la solución….unas maquinitas que captan nuestra velocidad, nos afotan, y lo que ya no es de recibo ni sirve para evitar la hipotética estupidez que en ese momento estemos realizando….nos crucifican con un atraco legal a nuestra normalmente depauperada cuenta corriente. ¿Han eliminado la peligrosidad de nuestra acción en ese momento?...NO. Pero sirve para que LA PRÓXIMA VEZ circulemos con más cuidado. Eso sí, te han podido fastidiar el poder llegar a fin de mes a ti y lo que es peor, a los tuyos.
Luego hay que recapacitar sobre algunos matices. La sociedad se moviliza porque a unos señores les quieren echar de donde viven porque no pagan….por ejemplo; alegando la situación injusta en que quedarán dentro del contexto social; pero nadie piensa en la situación injusta en que puede quedar ese señor y su familia que se ha pasado unos pocos kilómetros por hora , CAZADO por la maquinita en cuestión y al que le han dejado la paga del mes ( si la tiene) tiritando….¡qué espabile y no corra! se dice sin más ambages y sin más flautas.
Sí el asunto estuviese regulado de otra forma, incluso con radares, pero debidamente señalizados y activados en función de las circunstancias del tráfico, y nunca se tocase el bolsillo del que vivimos, lo entendería más ajustado a una medida justa. Acepto la resta de “puntos”, la retirada del permiso temporal para circular, el reciclaje o cursillo de concienciación, etc., pero no puedo aceptar el “atraco legal” que supone para el conjunto de mi familia el que me quiten el dinero que me queda después de el resto de atracos legales a los que estamos sometidos.
Para que se me pueda entender más claramente mi opinión, voy a poner tres ejemplos de seguridad vial aplicada que conozco.
El primero se dio en España a la bajada de un peligroso puerto de montaña con obras. El caso fue que en vez de los dos operarios que se suelen poner con una bandera roja para advertir de la peligrosidad existente, habían colocado sendos muñecos a tamaño real, con casco y petos de seguridad incluidos, y que mecánicamente agitaban uno de sus brazos con la banderita en cuestión. Para mí una idea genial, aunque supone dos empleos menos (todo tiene su parte negativa)
La segunda es similar. Ocurrió en una carretera secundaria y malísima de la campiña inglesa. En la calzada, y antes de un cambio de rasante sin visibilidad, apareció lo que parecía ser un agente mirando de frente a los vehículos que se acercaban. No era una persona, era una fotografía a tamaño real y recortada. Daba el pego perfectamente y todo el mundo levantaba el pie del acelerador. Luego, pasado el cambio de rasante aparecía un cruce. El resultado era fantástico.
El tercer ejemplo es de un experimento realizado en Suecia. Se trataba de una inmensa plaza en la que no había ninguna vía ni ninguna señal, pintado el suelo de verde, y por la que circulaban libremente peatones y vehículos. Pues bien, eso de no tener referencia habitual señalizada influía de tal forma en todos los usuarios que la velocidad de los vehículos y la precaución era ejemplar y los peatones actuaban de igual manera. Resultado, que durante la duración del experimento no hubo ni un solo incidente.
Aquí no. Aquí el vil metal siempre por delante, y si hay que inventar para asegurarse el “cobro” se inventa y se aplica con prioridad 1.
Pero esto es una opinión….por supuesto.
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