Ciertamente somos libres a través de nuestro pensamiento; aunque ya tratan de mediatizarlo lo suficiente como para poder coartar esa libertad a través de adoctrinamientos, leyes adaptadas trapaceramente y a todas vistas injustas, y en general mediante un proceso de “lavado de cerebro” encaminado a eliminar posibles restos de libertad individual. Si a eso añadimos el cainismo humano, la envidia, la hipocresía, la vagancia, y los intereses creados / normalmente económicos), pues ya tenemos un coctel explosivo que es el que mueve la sociedad y las relaciones entre individuos.

Adivino en tú escrito la diferenciación que haces entre el simple dictador y el dictador que llega a convertirse en tirano. Hay muchos matices entre ambos; aunque normalmente el tiempo lleva de lo uno a lo otro.

También habría que tener en cuenta que la tiranía y la dictadura no es exclusiva de políticos. En cualquier ámbito social, por muy habitual que sea, se pueden dar estas circunstancias. Desde la célula familiar hasta las organizaciones más sofisticadas, pasando por la humilde taquillera del metro.

Lo peor de esto son las víctimas inocentes que sucumben a través de las trapacerías del tirano; incluso aquellos que, siendo fieles a la política promulgada en aras de un bien común, son traicionados por quienes tienen en su poder las leyes y los jueces.

En fin. Dicen que el mundo, la sociedad, el hombre, ha evolucionado a través de los siglos por esa libertad de pensamiento que lleva, aunque lentamente y con michos obstáculos, a la libertad.

Decía Machado en uno de sus poemas cosas como: “A mi trabajo acudo. Con mi dinero pago el traje que me cubre y el lecho en dónde yago”, y en la misma poesía hacía alusión a esa “mala gente que cabalga y va apestando la tierra”. Siempre he pensado que para poder opinar de alguien y decir que es bueno y justo, al lado siempre tendremos al malvado y trapacero para poder comparar.