Pues claro que tienen derecho a “ser oídos” y a ser interpretados; además si se hace bien es un placer leerlo.
Ahora bien; hay otras acepciones por las que no paso en eso de “ser oídos”. No soporto “oír” a los perros ladrar; así que no se te ocurra poner una interpretación del perro solitario porque su amo se larga donde sea y le deja solo.
Respecto a los mosquitos trompeteros, en cada ubicación de su muerte violenta apunto fecha y arma empleada en la ejecución, además no siento el más mínimo remordimiento de conciencia, y sobre todo duermo mejor sin ellos.