05 de julio del 2017. Son las 15’00 horas zulú. El termómetro de la Plaza de Cibeles anuncia 37 grados. Más de sesenta personas (de todas las etnias y pelajes varios) esperan pacientemente a que el bus nº 34 haga acto de presencia. Sólo diez u once privilegiados han conseguido buscar un poco de sombra dentro de la marquesina (que no da para más); el resto espera a pie firme y cara al sol como en la polémica canción a que la presencia del colectivo y popular autobús aparezca y poder acceder a sus distintos destinos. Pero llegan las 15’30 horas zulú…y el democrático autobús no aparece. Los rostros empiezan a dejar traslucir la congestión y hasta algunos parece que ya han cogido “color” de la exposición al buen tiempo. Miradas nerviosas a lontananza tratando de divisar el dichoso bus….pero no aparece.
Por fin, siendo ya casi las 15’45 horas zulú, aparece el deseado autobús….pero por circunstancias que deben ser secreto de estado o vete tú a saber, descarga su carga humana, cierra las puertas y se larga sin decir ni adiós dejando al personal tostándose al sol veraniego de Madrid. A la izquierda según se espera, un enorme cartelón que dice “welcome refugees” (o algo parecido) parece que se ríe de los sufridos madrileños y personal adjunto que ya empieza a reflejar odio en unas miradas asesinas.
Acaba de sonar en el reloj del bendito Banco de España las 16’00 horas zulú, cuando aparece otro autobús con el número deseado. A estas alturas la disciplinada cola expuesta a la solanera ya hace dos bucles de cola para no salirse de la isleta destinada al personal. Menos mal que me encuentro entre los veinte primeros y he sido precavido haciéndome un sombrero de cucurucho con la doble página de un periódico para protegerme del sol. Algunos miran semejante invento, pero advierto que es con cierto aire de envidia.
Nada más abrir el conductor las puertas comienzan las imprecaciones y las quejas. Todas las voces que se escuchan son españolas y aditadas con la mala leche madrileña. Unos cuantos piden la hoja de reclamaciones al tranquilo conductor, y este saca una libreta grande y va repartiendo copias como lo hacían antaño los repartidores del Mundo Obrero a la salida del Metro. Otra voz se escucha al final acordándose de toda la parentela del conductor y deseando que privaticen la EMT madrileña. Una señora de cierta edad, vocea en voz alta que ella no ha “picado” el billete y que todos hagamos lo mismo. Una voz que suena al final dice: ¡seguro que “La Carmela” coge este autobús todos los días….la madre que la parió! Otro responde: ¡Mucho bus de refuerzo para el día de los gays, y para los currantes mierda! Otro dice que son unos caras (no sé quiénes) Que mucho prometer hasta meter, pero una vez metido…nada de lo prometido (la gente se ríe….sobre todo las señoras, señoritas y asimilados sin graduación). El conductor ni se inmuta (es un veterano) y advierte que no caben más personas en el bus, que si no dejan cerrar las puertas el bus no anda y allí se queda.
Por fin arranca y emprendo un viaje en el democrático transporte municipal aconsejado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Madris. Si el asunto funciona me queda una hora de viaje (podría ir en avión de Madrid a Noain para ver los sanfermines y tardar menos)
Llego al barrio a las cinco de la tarde. Ya no como, ya no tengo hambre. Hago la merienda, se lo cuento a los colegas del foro, me desahogo un poco, cabreo a dos o tres, y mañana más.
Responsables del transporte madrileño….os quiero. Cabemos todos en Madrid y estamos orgullosos del “orgullo”, pero poner más autobuses o dejadnos usar el coche….porfa.
Menos mal que ya queda poco para San Fermín.![]()
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