Así nos va.
La cabeza pensante construye aeropuertos sin previsión de vuelos ni aviones que lo transiten. Gasta ingentes cantidades de dinero en esculturas esotéricas y se "quea tan pancho". Pero es que sus adláteres, en vez de corregirle o al menos hacerle ver, le aplauden y le vitorean.
Así nos va.